jueves, 3 de enero de 2008

Un año más... que se va.


Otro año, otra vida, otros momentos que disfrutar.

Momentos de decidir qué hacer y qué no.

Dentro de lo primero, actualizar una vez por semana como mínimo el blog, compartir con los nietos, sacar tarjeta en Corona (lo soluciona), juntar plata para la placa nueva del Moncho, ordenar la Corporación y hacer cazuelas más condimentadas.

Dentro de lo segundo, no esperar a que el blog esté más botado que shala en el tesho para poner uno que otro comentario sobre lo cotidiano y lo emergente, no dejar pasar la oportunidad de enseñar a la nieta menor que con extraños sólo se habla si es para pedir permiso y dar las gracias, nadita de andar subiéndose a los autos con faldas medio cortas, y no dejar el tratamiento de la artritis botado como el año pasado.

El 2008 comenzó tan cargado de energías de distinta índole que hasta corte de luz significó para la villa. Con la Raquel pensamos que la Enriqueta no había pagado los gastos comunes del block, pero con algunos minutos pasados las doce nos dimos cuenta que la cosa era más universal de lo que pensábamos. El Memo prendió la radio a pila que guardamos, desde que salió la primera Corín Tellado, y escuchamos en la Cooperativa que más de 5 comunas estaban en las mismas que nosotros. Lo bueno es que las ganas que teníamos de linchar a la Enriqueta se nos acabaron y a cambio de ellos nos vinieron las ganas de pegarnos una bail’a con los compadres. Pero no todo es tan fácil, había que esperar a que el Moncho sintonizara la Corazón o la Pudahuel y que los fuegos de artificio terminaran, porque el señor Euladio no escucha mucho y se puso a alegar.

Bailamos unos temitas y de ahí, ligerito, me vino el lumbago. Debió ser un aire que me vino al tomarme una agüita ‘e limón y salir a la intemperie a ver los fuegos.

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